La Habana huele a Loewe y colonia barata

El empeño de las autoridades cubanas por el turismo apunta a que, finalmente y de cara al futuro inmediato, sea este el motor y combustible de la economía local


La Habana huele a Loewe y colonia barata

El empeño de las autoridades cubanas por el turismo apunta a que, finalmente y de cara al futuro inmediato, sea este el motor y combustible de la economía local a pesar de que inicialmente a Fidel Castro no le agradara mucho la idea y apostara a otras vías. Cuba, lo dicen los expertos, reúne todos los requisitos que puedan motivar a alguien para visitar el Caribe, que sin son gringos pues mucho mejor por cercanía, cantidad y capacidad para que no le tiemblen las manos en el bolsillo.

Esa es la razón, entre otras de interés económico como el incipiente sector privado y cooperativista, por la que cada día aumentan los contrastes de una sociedad diseñada en teoría para evitar desigualdades y la que se avecina con la apertura e incremento de estas modalidades. Quizás ello fueran los temores de Fidel cuando públicamente sentenciara que si tuviéramos el petróleo de tal país árabe, a la isla no entraba nadie preguntando por la playa más cercana o en qué puerto atracar un crucero.

Cuba, “el paraíso de la moda”, ha sido el chiste de mal gusto del empresario italiano Giorgio Gucci al calor de una boutique montada en el lujoso hotel Manzana Kempinski, el único cinco estrellas plus de la isla. Allí estarán, a disposición del visitante de alta gama y algún que otro cubano que se pueda dar tal lujo, las afamadas marcas Versace, Armani, Montblanc, Lacoste, Longiness , entre otras, e incluyendo a esa fragancia Loewe, capaz de conquistar a una hembra a 100 metros de distancia.

Los portadores del humor que molesta a multitudes parecen haberse dado cita en La Habana. Recuerden lo sucedido con la muy selectiva pasarela de Chanel nada menos que en el Paseo del Prado, una vía pública, excluida precisamente para viandante. Ningún sencillo mortal pudo asistir porque sencillamente las fuerzas del orden se lo impidieron. No estaban invitados a participar ni en calidad de curiosos.

Y como anillo al dedo de los malos émulos de Groucho Marx, aquel poderoso tejano que en el Hotel Nacional de Cuba, nos dijo en plena cara, que él le había “condicionado” a Comercio Exterior el negocio de las vacas, sus tetas o la leche, que si era empleada para hacerle helados a los niños cubanos entonces iba el negocio. “Conmovedora” declaración.

¿Quién le habrá sugerido o en qué estaría pensando el señor Gucci para afirmar que Cuba era el paraíso de la moda y que por esa razón se hacía imprescindible su presencia en la isla?

Vendrán, a no dudar, nuevos episodios de esta naturaleza ante los  retos que deberá asumir el país y, fundamentalmente, sus gentes, los de la calle, los del día a día, esos o esas que con colonia de la más barata y de factura nacional, amanecen con nuevas o renovadas esperanzas de un mejor amanecer sin la menor cantidad de chistes posibles.

Tomado de ProgresoSemanal



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